La importancia de la coherencia interna

  • Sara 

A veces nos sentimos bloqueados, incapaces de dar un paso más. Es como si nuestro cerebro entrara en cortocircuito e impidiera que escribiéramos una sola palabra, que diéramos una sola pincelada, que bailáramos un solo paso o que expresáramos un solo sentimiento. Y no entendemos por qué, si hasta ese momento nuestra creatividad fluía a una velocidad arrolladora. Nos sentimos frustrados. Y pensamos que quizás sea cosa de un día, que nos hemos levantado con el pie izquierdo, que las nubes de tormenta nos han embotado la mente, que estamos cansados, o que quizás no es el mejor día para desarrollar nuestra creatividad. Y creemos que al día siguiente todo habrá pasado y nos levantaremos con el pie derecho, el cielo estará despejado, estaremos llenos de energía y los astros se habrán alineado a nuestro favor. Pero pasa un día, pasa otro, y otro, y otro… pasan semanas, meses… y seguimos bloqueados sin saber qué hacer para solucionarlo.

Como muchos de vosotros sabéis, el año pasado a estas alturas estaba totalmente volcada escribiendo mi libro “No soy bipolar, soy artista”, en el que estaba destapando todos los secretos de la personalidad del artista según el eneagrama. Y estaba escribiendo a diario, hasta que en septiembre cuando volví a Madrid y me senté delante del ordenador, de repente me pasó algo que era desconocido para mí. Me sentía incapaz de escribir una sola palabra. Y lo más sorprendente de todo era que ni siquiera tenía que crear nada nuevo, porque ya tenía los capítulos todos esbozados. Simplemente tenía que leer lo que ya estaba escrito y ponerlo más “bonito” o fácil de leer. Pero sentía una parálisis interna, como si mi mente se hubiera topado con un muro y me hubiera quedado sin palabras, cosa difícil en mi, os lo aseguro.

No sabría explicar la sensación de frustración tan profunda que produce algo así. ¡Estaba tan cerca de tener el libro terminado y de cumplir mi sueño de publicar mi primer libro! Rabia, agobio, impotencia, desesperación, enfado, miedo, confusión… Lo más frustrante de todo es que ni siquiera era capaz de escribir un sólo post para el blog. ¿Qué mierdas me estaba pasando?

DesconciertoY empecé a probar todo lo que se me ocurría para solucionarlo: darme unos días de descanso, terminar otras cosas que tenía pendiente, hacer vaciado mental, soltar emociones, hacer el pino puente… Pasaron los meses y comencé a tener tanto trabajo que ya ni siquiera me preocupaba de escribir. “Ya terminaré el libro cuando pase el pico de trabajo”, pensaba. Y el pico de trabajo pasó, pero mi bloqueo no. Ese maldito muro seguía afincado en mi mente y no tenía intención de trasladarse ni un milímetro el cabrón.

Hace dos meses decidí que no iba a parar hasta destruir ese muro, así que comencé a preguntarme: “¿Qué puedo hacer para poder escribir?”. Y como nuestro cerebro es incapaz de dejar una pregunta sin responder, simplemente me hacía la pregunta y me paraba a sentir cómo reaccionaba mi cuerpo. No buscaba racionalmente la respuesta, dejaba que mi cerebro hiciera lo que tuviera que hacer para quitar el muro, porque estaba claro que yo no tenía ni la más mínima idea de lo que me pasaba.

Y tras unos días haciéndome la pregunta, en mi cabeza comenzaron a surgir ideas que comencé a plasmar en papel. Pero al intentar trasladarlas al ordenador, otra vez aparecía ese maldito muro. Así que continué con mi rutina, preguntándome cada día: “¿Qué puedo hacer para poder escribir?”. Y fui descubriendo muchas cosas sobre mí durante el proceso, ya que comenzaron a aparecer recuerdos que tenía en el pozo del olvido, de momentos en los que algunos profesores coartaron mi creatividad y me hicieron sentir que yo no valía para nada. Según iban apareciendo esos recuerdos, iba soltando las emociones.

Pero aunque el muro se tambaleaba por momentos regalándole algunos instantes de aire fresco a mi creatividad, seguía indestructible. Y empecé a cuestionarme el por qué de mi bloqueo. Tenía que haber alguna parte de mí que estuviera impidiendo que escribiera por algún motivo. Así que comencé a reflexionar acerca de qué era realmente importante para mi. ¿Realmente quería escribir ese libro? ¿Lo quería escribir tal y como lo estaba haciendo? ¿Qué quería transmitir en realidad? ¿Cómo quería comunicarlo?. Había algo dentro de mí que me decía que no era eso lo que yo quería. Así que decidí escuchar a esa parte de dentro de mi, que resultó ser mi coherencia interna.

Si hay algo que procuro ser desde hace años, es coherente. Cada vez que soy consciente de que estoy siendo incoherente con algún aspecto de mi vida, hago lo necesario para cambiarlo. La cuestión es que ésta vez, yo no estaba siendo consciente, pero mi coherencia interna me estaba gritando que cambiara de rumbo, que no fuera por ahí.

Así que comencé a plantearme seriamente qué rumbo quería seguir. Y empecé a escribir sin parar en mi cuaderno, vaciando la mente, deshaciendo todos los embrollos y permitiendo que todas mis ideas comenzaran a tomar forma, teniendo una lógica y fluyendo como hacía meses que no lo hacían. Poco a poco, una sonrisa comenzó a aparecer en mi cara y mi coherencia interna comenzó a emocionarse con el cambio de rumbo que había elegido.

Definitivamente no escribiré el libro de “No soy bipolar, soy artista”, estoy escribiendo otro del cual desvelaré toda la información cuando lo termine 😉 ¿Y qué voy a hacer con todo lo que ya había escrito e ilustrado para el otro libro? Pues compartirlo con vosotros en el blog, transformándolo en posts donde os vaya explicando los secretos de la personalidad del artista, porque sigo queriendo comunicar todo esto que sé, pero no era a través de un libro como quería hacerlo.

Así que bienvenidos al comienzo de mi nueva vida como bloguera. Espero que disfrutéis tanto del viaje como yo. ¡Os quiero!

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