Lo reconozco, soy Yonki Emocional

La principal característica que define la personalidad del artista es su adicción a las emociones. Yo lo denomino “Yonki emocional”, porque los artistas tenemos la creencia de que necesitamos sentir fuertes emociones para sentirnos vivos.

De hecho, durante muchos años mi estado de whatssapp fue: “Siento, luego existo”. Y es que a mí, la frase de Descartes: “Pienso, luego existo”, no me convencía en absoluto. Porque según mi raciocinio de artista, la tecnología ha avanzado tanto que incluso un ordenador es casi capaz de pensar, pero no de sentir. Y es esa capacidad de sentir lo que determina si estoy viva o muerta. Dejaré de vivir el día que deje de sentir. Podrá estar mi cuerpo físico vivo, por si dejo de sentir, entonces estaré muerta en vida.

Viviendo al 100%

En la actualidad hay muchos seres humanos que viven en modo zombie. Ni sienten, ni padecen. Cualquier médico diría que están vivos porque sus órganos están en funcionamiento, pero según la filosofía de vida de un artista, realmente están muertos porque no están viviendo plenamente. Y para los artistas, vivir plenamente implica sentir en todo momento emociones intensas. Somos incapaces de imaginarnos la vida sin sentir alegría al 100%, tristeza al 100%, enfado al 100%, o la emoción (o mezcla de emociones) que toque en ese momento al 100%.

Pero no creas que me refiero a llegar a ese estado de intensidad emocional puntualmente, sino que es nuestro estilo de vida permanente. Inconscientemente, en el momento en el que la emoción empieza a bajar y estamos en el 90%, buscamos rápidamente algo que nos haga volver a subir la emoción al 100%. Porque si en lugar de sentir por ejemplo, rabia al 100%, la sintiéramos al 60%, estaríamos sufriendo la desdicha de vivir una vida totalmente descafeinada. Y esto no es más ni menos, que la creencia que hace que los artistas hagamos todo lo que está en nuestra mano para sentir fuertes emocionales. Pero como les pasa a todos los yonkis, no somos conscientes de nuestra adicción y creemos de hecho, que es algo habitual en todo el mundo, pero no…

Yonki Emocional Perenne

Además, cada artista siente una predilección especial por ciertas emociones a las cuales se engancha más fácilmente y rechaza otras. Es por ello que podemos encontrar artistas de lo más variopintos, desde el que viste totalmente de negro y va con cara de asco porque “la vida es una mierda”, hasta la que viste multicolor y va con una sonrisa de oreja a oreja porque “la vida es maravillosa en el mundo de la piruleta”, como fue mi caso. A esta tendencia de enganche la denomino como: “Estado Yonki Emocional Perenne”.

Mi “Estado Yonki Emocional Perenne” de toda la vida ha sido engancharme a emociones que yo consideraba positivas y rechazar cualquier emoción que no fuera amor, alegría, felicidad, etc. Es por eso que me convertí en una optimista-patológica-flower-power-profesional. ¿Y qué hacía para estar todo el día enganchada a emociones positivas? Darle rienda suelta a mi soñadora compulsiva y fantasear con todas las cosas increíblemente maravillosas que me “iban a suceder” en cualquier momento. Ya sabes, cosas muy fáciles de conseguir: que me tocaba la lotería; que me convertía en una bailarina de éxito y recorría el mundo bailando; que algún cazatalentos me veía por la calle y me elegía para ser la protagonista de su nueva obra; que un príncipe azul me rescataba de mi mísera vida y vivíamos felices y comíamos chocolatices por el resto de nuestra vida…

Yonki Emocional Oportunista

¿Y qué ocurría cuando por algún motivo no podía engancharme a esas emociones? Pues con tal de no “descafeinarme” emocionalmente, me enganchaba a otras emociones que no me gustaban tanto, como la tristeza o el enfado. Y esto es debido a que además de vivir en un “Estado Yonki Emocional Perenne”, el artista se convierte en “Yonki Emocional Oportunista” porque prioriza sentir emociones (aunque no le gusten) a no sentir nada. Yonki Emocional
¿Y cómo es un Yonki Emocional Oportunista? Una auténtica Montaña Rusa Emocional. Porque el oportunismo emocional es totalmente incontrolado. Y podemos estar en nuestro “Estado Yonki Emocional Perenne”, pero de repente escuchar una canción que habla del desamor y que nos recuerda a ese amor perdido que tanto nos hizo sufrir y nos deprimimos profundamente, pero en la emisora de radio cambian a otra canción que nos recuerda a cuando lo pasamos tan bien de fiesta con los amigos y nos da el subidón y queremos comernos el mundo, pero luego saltan las noticias y hablan de una situación injusta y nos enfadamos profundamente por toda la maldad que hay en el mundo, pero luego aparece ante nuestros ojos un cachorrillo o un bebé y volvemos a sentir una felicidad inmensa y me quedaré enganchada a esa emoción hasta que se cruce algo más por mi vida o por mi mente.

La emoción comodín

Pero hay ocasiones en las que nuestro Yonki Emocional Oportunista se va de vacaciones y nuestro Estado Yonki Emocional Perenne empieza a ser imposible de mantener. Es por ello que cuando un artista empieza a notar que su nivel de emoción baja del 100% y no consigue elevarla con sus tácticas habituales, cambiará de estrategia y se enganchará a aquella emoción a la que pueda llegar al 100% de intensidad. ¿Y cuál es la “emoción comodín” a la que nos jugamos todas las cartas cada vez que necesitamos recrearnos en nuestra personalidad de artista? LA MELANCOLÍA.

No hay nada más fácil para un artista que meterse en la piscina de mierda y comenzar a bucear en las profundidades de la melancolía. Y empezar a rememorar momentos pasados que nunca volverán… Autocompadecerse por la mierda de vida que tiene… Darse cuenta de que nunca se van a hacer realidad sus sueños… Llorar desconsoladamente porque lo único que quiere hacer es morirse… y un largo etcétera de tácticas para fustigarse y meterse aún más en la piscina de mierda.

¿Pero quién soy yo?

Además, otra cualidad del artista es que a pesar de ser tan emocional es increíblemente analítico y racional con todo lo que le ocurre dentro de sí mismo. Es decir, está analizando constantemente cada una de las emociones que tiene para llegar a comprender quién es en realidad. Como ya vimos en un post anterior, el artista de niño al no sentirse identificado con sus padres comenzaba a buscar su propia identidad. Y una parte importante de esa búsqueda de identidad está basada en el análisis de sus propias emociones, en plan: “Siento esto, yo soy esto… siento lo otro, yo soy lo otro…”. Pero como vivimos en una Montaña Rusa Emocional, podemos pasarnos la vida entera buscándonos a nosotros mismos sin llegar a encontrarnos entre tanto sube y baja.

Si tú también eres Yonki Emocional no desesperes, que todo tiene solución 😉 El primer paso para poder ir a donde queremos es saber dónde estamos. Así que, ¿cuál es tu Estado Yonki Emocional Perenne? ¿Te juegas a menudo las cartas al comodín de la melancolía? ¡Cuéntame!

1 pensamiento sobre “Lo reconozco, soy Yonki Emocional”

Deja un comentario